La vieja magia: Nick Lowe o el estilo

Publicado originalmente en Neville: 

http://nevillescu.wordpress.com/2013/04/05/nick-lowe-un-pajaro-imposible/

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Si Elvis Costello es el gran músico del odio entonces Nick Lowe lo es de la ironía. Lowe es de los que mira la vida, y más específicamente la vida sentimental, desde debajo del arco escéptico de las cejas. El pájaro imposible lleva sonriendo de medio lado desde finales de los 60 cuando tocaba, componía y cantaba el formidable combo pub-rock Brinsley Schwarz. Allí se trabajó un puñado de melodías camperas y ritmos trotones al gusto del circuito de bares de Inglaterra y alrededores, entre ellas el clásico What’s so funny about peace, love and understanding que su gemelo malvado Costello escupiría años más tarde con su habitual rabia.

Después llegarían los años de amor/odio con ese otro genio del punch pop que es Dave Edmunds en los fundamentales Rockpile, una fructífera época en la cual los dos líderes de la banda realizaban carreras en solitario tan brillantes o más que la conjunta que derivarían en apoteósicas colecciones de hits en discos tardosetenteros como Jesus of cool (¿el mejor título de la historia?) y Labour of love.

En medio del ruido punk y la experimentación post-punk Lowe  (y Edmunds, y Costello y Phil Seymour, y Graham Parker, y…) proponía un pop-soul saturado de ritmo, letras afiladas, canciones impecables de tres minutos e ironía, mucha ironía. Eran elegantes, eran distinguidos pero también eran unos cabrones de cuidado. Aquella era una postura desafiante que a la tormenta de urgencia oponía un sentido atemporal de las cosas.

Y ahí se instaló Nick Lowe: en la atemporalidad. Un no-lugar fuera de corrientes, modas y estilos logrando así que solo Nick Lowe sonase y supiese a Nick Lowe. Los 80 y los 90 perfeccionaron la elección vital en una serie de discos en los cuales, de manera mágica, cualquier ritmo que tocase lo hacía suyo de manera instantáneo. Un proceso musical paralelo a una maduración como autor que supuso ahondar en el escepticismo como postura, el sentido del humor como lubricante y la perplejidad como herramienta de combate; desembocando todo ello en esa obra maestra de 1994 que es The Impossible Bird, maravillosamente completado en la melancólica coda de 1998 Dig My Mood, perfecto eslabón entre el Lowe anterior y el que afrontaba la llegada implacable de una masculinidad otoñal.

Nickatwindow-847x1024Con sus dos últimos, y superlativos, discos At My Age y The Old Magic, el músico analiza (se analiza) de nuevo armado hasta los dientes de (auto)ironía este estado crepuscular de su existencia. Lowe se retrata al tiempo como observador y artífice, contemplativo y cruel, gastando todavía sus últimas balas ahora burlonas, ahora tiernas.

Los propios títulos de este dístico son reveladores de sus intenciones y el sonido resulta más sedoso que nunca, confiriendo a las canciones una especia de cadencia lounge que contrasta con la acidez de muchas de sus letras cantadas con un fraseo de crooner pop irresistible al cual la edad le ha proporcionado el timming exacto, el volumen perfecto al que decir cada palabra dolorosa, cómica o sentimental.

Con 64 años los ojos pálidos, el pelo blanco ingobernable y el tipo desgarbado de Nick Lowe tiene las mismas ambiciones que cuando empezaba: ninguna. Solo las canciones. El pájaro es demasiado grande para volar muy alto y además uno se ríe mejor de las cosas si las ve de cerca. En especial las que salen en el espejo.

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