Bajo el Arco Iris: The Black Lips

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Es verdad que los Black Lips han ido abandonando sus orígenes; es verdad. También que han limpiado su sonido desde los garajazos low-fi  hasta una producción profesional; también. Pero en el camino han perdido algo y han ganado algo. Se fueron haciendo más imprevisibles y variados. Ya no era solo su interpretación arty del punk sixties a piñón fijo, con los Sonics y otras luminarias del underground entre ceja y ceja. Quiero decir, Black Lips! era un álbum glorioso, pura suciedad en los surcos, pero de eso ya hace una década y pico.

El siguiente par de discos profundizó en esa vía, incorporando retazos de psicodelia ruidista que hacía pensar en unos Seeds pasados acoples hasta cristalizar en el formidable Let It Bloom, versión antológica del  ‘Hippie, Hippie, Hoorah’ de Jacques Dutronc incluida. El grupo se había arriesgado a evolucionar y dejar potenciales fans por el camino al salirse de cualquier vía restrictiva. Eso les permitió lanzarse a territorios donde se cruzaban country, psicodelia, bluesismos, powerismos y garagismos de todo pelaje. Y por ahí han seguido, ampliando el espectro, acogiendo por ejemplo elsurf que dominaba, entre tonos ácidos, raíces y hasta retazos soul, el anterior y memorable Arabia Mountain, cuyo sonido ya era mucho más lleno y armonioso (ambicioso).

Casi se podría decir que este es el disco de rock sureño de los de Atlanta. Una versión llena de sentido de humor negro y retorcido de los Drive by Truckers, con guiños al punk angelino de los Social Distortion y piezas puramente sureñas como ‘Boys in the Wood’. Escapada del imaginario de Garth Ennis, es una pieza oscura y arrastrada en voz y guitarras, una amenaza que pilla por sorpresa en el ambiente enérgico que ha ido creando el disco los pildorazos garage countryficado, que suenan a eso… a sus primeros discos limpiados y abrillantados.

Muy disfrutable en conjunto, mostrando a una banda con un admirable gusto por contrastar su personalidad con otros sonidos, parece también como si estuviesen cerrando un círculo que los lleva hacia la autorreferencia. Quizás tengan que ver con las circunstancias de producción, con casi medio álbum en manos de Mark Ronson, quien ya los había acompañado en Arabia Mountain y que aquí deja un clásico como ‘Make You Mine’ para el repertorio de un futuro Grandes Éxitos, y el otro de Patrick “The Black Keys” Carney, quien parece contaminar a veces demasiado -‘Dandelion Dust’- con unos tonos algo postizos.

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