La vieja magia: Nick Lowe o el estilo

Publicado originalmente en Neville: 

http://nevillescu.wordpress.com/2013/04/05/nick-lowe-un-pajaro-imposible/

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Si Elvis Costello es el gran músico del odio entonces Nick Lowe lo es de la ironía. Lowe es de los que mira la vida, y más específicamente la vida sentimental, desde debajo del arco escéptico de las cejas. El pájaro imposible lleva sonriendo de medio lado desde finales de los 60 cuando tocaba, componía y cantaba el formidable combo pub-rock Brinsley Schwarz. Allí se trabajó un puñado de melodías camperas y ritmos trotones al gusto del circuito de bares de Inglaterra y alrededores, entre ellas el clásico What’s so funny about peace, love and understanding que su gemelo malvado Costello escupiría años más tarde con su habitual rabia. Sigue leyendo

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Obreros del ritmo: Standing in the shadows of Motown.

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La ciudad del motor, Detroit, rugió durante dos décadas con el ritmo infeccioso, el beat mortal de los Funk Brothers. Ellos eran los cimientos del sonido Motown. Trabajadores del ritmo en una ciudad de clase obrera. Pero en 1972 el síndrome del nuevo rico se llevó a la Motown a Los Ángeles y el sol y el lujo no son lo mismo que el duro trabajo rítmico. Detroit, siempre al borde de la depresión y la reconversión también entró en una sonora perdiendo casi de seguido sus señas de identidad musicales con la progresiva desaparición de los grupos garajeros y protopunk blancos como MC5 o los Stooges, aunque sus miembros siguiesen caminos en solitario tan legendarios como los de Iggy Pop o el guitarrista Wayne Kramer. Motor City y Motor Town, una factoría bicolor de ritmo y sudor, de jazz, r’n’b y rock.

l_117076_0314725_a1f39abdEn un local al que llamaban el pozo de las serpientes, Berry Gordy, el tipo que se inventó un sonido eterno, alistó a un heterogéneo grupo de músicos a su Hitsville USA procedentes de la escena jazzística para que se convirtieran en el músculo de la Motow. Sigue leyendo

Como un clavo en el centro del cerebro: Daniel Johnston, el pop, el diablo, la locura.

“I’ve been through some hard
But I’m feeling so much better
And I’m standing in your yard
I could be there forever
And I know if you saw me now
You would be much perplexed
And I know if you saw me now
Your mind would be contorted”

(Mind Contorted , Daniel Johnston, 1994)

Daniel Johnston está acostumbrado a la resurreción. Su propia vida es una constante subida y bajada de la tensión eléctrica. El músico y dibujante, figura central del underground USA desde los 80, vive a saltos entre las realidades. La mayor parte del tiempo en una sangría intermedia, un espacio entre su realidad y la nuestra. Esta primavera Johnston visitaba este lado del espejo gracias a una retrospectiva de su obra gráfica realizada en el espacio de La Casa Encendida, en Madrid. La exposición de sus dibujos estuvo acompañada de un concierto ofrecido desde su propio lado. Hace algo más de un mes se publicó en España la recopilación de dibujos e ilustraciones Visiones Simbólicas. Un diário de esa alter-realidad, una visita a los estados diferentes de la mente.

I’ve been dead for so long cantaba con entusiasmo Daniel Johnston en aquel fantástico Fear Yourself que le produjo Mark Linkous en 2003. En realidad Johnston sólo ha estado vivo intermitentemente, como chispazos de corriente alterna. Su cabeza funciona entre parpadeos. Hoy, con 51 años, vive en Austin y gira por el mundo agarrado a un patetismo de niño grande que unas veces acongoja y otras conmueve.

Dos años después, el documentalista Jeff Feuerzeig recuperaba la figura del músico a través del documentalThe Devil and Daniel Johnston. Una pieza de montaje y manipulación del material soberbia, que hace uso tanto de la presencia como de la ausencia de Daniel, llegando ambas a conversar en virtud del tratamiento cinematográfico que mezcla tiempos y testimonio. Una recreación de su historia en primera persona lograda gracias a las ingentes cantidades de material registrado, grabaciones, cortos, actuaciones, mediante las cual el músico y dibujante ha documentado su existencia. Diarios mezcla de narcisismo y necesidad. Certificaciones de su presencia en el mundo hechas para sí mismo.

A principios de los 80, después de un amargo paso por la Universidad, le diagnostican un trastorno bipolar, agravado con diversos episodios maniaco-depresivos, paranoia, delirios… Poco después Daniel encuentra las drogas. Un viaje de LSD antes de un concierto de los Butthole Surfers le desconecta de la realidad. La enfermedad se dispara y Daniel conoce al Diablo. Su educación religiosa somatiza de este modo la enfermedad. Dos cortes registrados en el documental muestran sendos discursos en pleno delirio. Estremecen. Sigue leyendo