El océano pacífico es arcoíris: Jenny Lewis en The Voyager

Jenny Lewis se ha puesto un traje blanco con arcoíris para homenajear el famoso conjunto de Gram Parsons en la portada de “The Gilded Palace of Sin”, mítico disco de psicodelia country de los Flying Burrito Brothers. Pero Jenny Lewis ya no viaja en esa dirección, aunque siga resumiendo el paisaje californiano.

California está en las pistas de sonido y en el imaginario vital que recuentan, porque este es un disco recapitulativo y nostálgico, también uno de cambiar de piel, un poco de autoanálisis… a veces demasiado. Lo que ocurre es que Jenny Lewis es inteligente y tiene suficiente sentido del humor (seco) como para contemplarse a ella misma como personaje y no aburrirnos con las cuitas de la bohemia californiana. Irónico y cruel, lúcido en momentos demoledores como “Just One Of The Guys” donde demuestra su maestría y oficio como creadora de canciones en un tempo milimetrado, desborda sentido de la observación y malicia.

“The Voyager” también suena distinto, lujoso y brillante, completando así la clásica ironía del pop abrazando, bajo la producción de Beck en algunos cortes, desde el power pop a la electrónica, fabricando un espacio narrativo y musical donde el ochenterismo adherente y nuevaolero encontrándose con el vacío épico y la tristeza indefinible del “Pacific Ocean Blue” de Dennis Wilson. Sonando como hay que sonar para triunfar, pero retorciéndolo todo desde el interior.

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Definición de soul: Lee Fields & The Expressions en Emma Jean

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“Y lo intentas, y lo intentas, y los sigues intentando…Pero, sencillamente, no puedes ganar”. Lee Fields debió de pasarse más de tres décadas con eso taladrado en la cabeza, doliéndole en la voz. Un soulman nacido a destiempo. Pero el futuro es una cosa muy curiosa: está llena de trucos y desvíos. Así, en algún momento del viaje, el futuro comenzó a transformarse en el pasado para Lee Fields. Su soul profundo, cada vez más y más profundo, se encontraba con una escena que reclamaba autenticidad. Una carretera asfaltada en dos direcciones. Y a Lee Fields le sobra autenticidad, tal vez, incluso, durante muchos años fue lo único que tuvo. No es de extrañar que el sello donde está entregando su madurez se llame Truth & Soul: un hogar de y para verdaderos creyentes.

En Emma Jean lo rodean de nuevo los Expressions, una banda carnal y absorbente, mucho más que músicos de sesión que reeditan a los obreros del Soul de Muscle Shoals en Alabama o la Motown en Detroit, donde lideraban los Funk Brothers. Ellos empujan y recogen la voz al límite de la emoción de Fields. Este se eleva, demonios, hasta levita, en serpenteantes baladas volcánicas como ‘Eye to Eye’ o la apabullante ‘Don’t Leave me This Way’, un cierre de disco orgasmante. Y domina, en ese estado de gracia del que se ha encontrado con un extra vital que ni esperaba ni creía, entre el fuzz y el funk de ‘Standing By Yor Side’ o habita, hasta poseerla al completo, un clásico como Magnolia, donde J. J. Cale, desciende a las profundidades del soul: grave, solemne y ardiente.