Pop de mediodía: Cooper en UHF

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No es de extrañar que Alex Díez Garín haya embarcado a Cooper en una curiosa gira de sesiones vermú. Conciertos de mediodía, de hedonismo de domingo y primavera todos los días. UHF suena a todo eso. Solo seis canciones, poco más que un ep. Alargado, con extras, con otra caña y otro pincho. Canciones de pop atemporal, de pop de mediodía y de entretiempo. Un sentimiento de melancolía y buen humor sintetizado en la maravillosa “Entre girasoles”, más cerca de Los Ángeles o Juan y Junior que de Ocean Colour Scene.

UHF es un extensión de los sonidos y las melodías que redondeaban “Mi universo”, su esplendoroso disco del 2011 que abría el imaginario del grupo (o del artista, aunque en este caso la canción de cierre: una poderosa versión de “Nosotros”, clásico de Los Scooters) hacia la Costa Oeste o el pop español sesentero. El ritmo y los temas exploran esos lugares, sin renunciar al tono brit de “Brick Lane” o la observación de costumbres post-Ray Davies de la enérgica “Hipsters”. Una colección de canciones, directas, sin mayores adornos que unas buenas guitarras y unas elegantes armonías vocales, registradas con la urgencia del que no quiere perder ese algo y el conocimiento del que vive para fabricar canciones: del que sabe y puede.

En el esperpento: Biznaga. Centro dramático nacional

Hay discos que te dan en los dientes y se te quedan mirando con una sonrisa igual de mellada que la tuya. Discos cabrones. Centro dramático nacional(título antológico) es de esos. Biznaga se sacan el larga duración que llevaban dentro y convierten sus estupendos cortos anteriores en un ensayo para esta ampliación del campo de batalla, tenebrosa y enérgica por igual.

Punks bien vestidos y bien leídos, punks articulados, punks del post-punk y delart-punk, retoman el género, ya cliché, en la efervescencia sonora, política y lúcida de los ultimísimos 70 y los primerísimos 80. Con el oído y la mirada puestos en los Buzzcocks o en aquellos grupos vibrantes de Irlanda del Norte que le metieron power pop al asunto, y el filo ideológico de gente como TV Personalities o The Pop Goup para sintetizarlo a través de un elaborado imaginario castizo donde retumba, entre ritmos flamencos y pasodobles,Parálisis Permanente, Las Vulpes, los primeros Gabinete Caligari oParaíso.

Pero no, Centro dramático nacional no es una colección de citas, sino un disco al tiempo inmediato y atemporal, lleno de humor negro y Angst juvenil para un presente hijoputesco y liofilizado. Un disco municionado con canciones rotundas, como ‘Mala sangre’, ‘Cul-de-Sac’ o ese monumento (españolísimo) que es ‘Los duelistas’ cantado por esa neo-Martirio que es Juana Chicharro.

Ven a la hormigonera: Sometimes Too Much Ain’t Enough. The Excitements

 

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(Publicado en Mas24)

El éxito global de la finada Amy Winehouse sirvió para sacar del subsuelo al soul de raíces sixties, el de los sonidos crudos y vibrantes, el sexualizado y todavía agresivo.  Divas modernas, y solo por citar a unas pocas, como Niki Hill, Clairy Browne con sus The Bangin’ Rackettes, los más orientados hacia la revisitación de sonidos jamaiquinos The Delegators con Janet Kumah liderando,  los suecos The Vanjas, Brandy Butler y susFoxionairies,  o los hijos del rock’n’soul Maria Vincent and The Millonaires, quienes a su vez abrirían una puerta hacia sonidos fifities, swing rockabilly por igual repleto de grupos con lideresa.

Todo, y más, muchos más si ampliamos el espectro hacia formaciones masculinas, comparten el fervor por el sonido vintage a la hora de grabar; por los crujidos, las imperfecciones y la calidez analógica. También un fiereza, un actitud a la hora de reivindicar la pertinencia del pasado, no como retro, sino como atemporal.
En España tenemos nuestra sección de soul con frontwoman en grupos como los ya veteranos The Sweet Vandals, Freedonia, Aurora and The Betrayal, esos Pepper Potts, que traen de vuelta a los girl groupsspectorianos con infecciosos giros hacia el ska de los primerísimos 60 o, claro,The Excitements, barceloneses de largo recorrido como músicos aglutinados por la garganta y las piernas de la mozambiqueña Koko Jean Davis.

Su primer lp, Sometimes Too Much Ain’t Enough, producido por Mike Mariconda anuncia desde su portada con Koko lanzando su mano sobre el micro en éxtasis musical, que lo que guarda dentro es una hormigonera de ritmos, una etapa rompepiernas del Tour de Francia o una de esas clásicas tremebundas del calendario Belga: no hay piedad ni descanso, hasta los medios tiempos como ‘I’ve Bet and I’ve Lost Again’  están poseídos por una intensidad electrizante, tejida bajo una poderosa línea de vientos y un bajo/batería sucios y martilleantes, que en los cortes más enérgicos, caso de ‘Keep I To Yourself’ o‘Tell Me Where I Stand’ o  hacen pensar en aquellos fantásticos Bellrays de la torrencial Lisa Kekaula, que sintetizaban sonido Detroit y soul sudoroso. Aunque los Excitements prefieren mantener el rock bajo control pre-1965, asomarse a veces al garage o enfocarse en la herencia de unos Sam & Dave en la estupenda despedida que es ‘Sometimes Too Much Ain’t Enough’.

Radio Futura: suena a música moderna.

Publicado originalmente en Neville dentro de un dossier dedicado a Santiago Auserón: 

http://nevillescu.wordpress.com/tag/santiago-auseron/

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Antes de caminar hacia atrás, desandando la música en español hasta sus orígenes, Radio Futura vivió la Música Moderna. Sus referentes entonces eran otros, y su huella sonora anglosajona se prolongaría, disolviéndose en la necesidad de Santiago Auserón de dotar al rock en español de una idiosincrasia propia y no de unas estructuras prestadas a partir de un disco tan prodigioso como La ley del desierto / La ley del mar donde se incluían las primeras manifestaciones acabadas del sonido futuro que anunciaba desde el principio el nombre del grupo: Escuela de calor y Semilla negra.

enamoradode-lamodajuvenilAllí estaban los hermanos Auserón inventándose el Rock Latino; tan fácil de hacer mal, tan difícil de hacer bien. Pero esa es otra historia que no se va a contar aquí.

Antes de todo esto Radio Futura estaba incrustado en la modernidad inmediata, y esta era anglosajona; sonaba a la Inglaterra más experimental y al Nueva York sucio con retazos glam, electrónica atmosférica a lo Brian Eno y mucha, mucha actitud.

El grupo se dividía entre intenciones divergentes. Por un lado Herminio Molero, que era el gen diletante, puramente “movidista” del grupo; un agitador cultural que lo mismo pintaba que tocaba los teclado u organizaba lo que fuese. Por el otro Santiago Auserón, que, sencillamente, quería ser músico. El primero se tomaba el proyecto como un artefacto irónico, de pop warholiano que buscaba una suerte de infiltración en el sistema. El segundo era un buscador de sonidos y un pensador musical que dentro del colectivo Corazones Automáticos había firmado a finales de los 70 penetrantes artículos tanto sobre músico foráneos –Elvis Costello por ejemplo- como a cerca de la necesidad de vertebrar una música pop española, no imitativa ni derivativa. Esa necesidad de evolución y busca que, como a Joe Strummer, el propio Costello o Ry Cooder, ha guiado siempre su carrera. Sigue leyendo