La luz melancólica: Ron Sexmith en Carousel One

Crítica-Ron-Sexsmith-Carousel-one

http://mas.asturias24.es/secciones/musicas-1/noticias/un-talento-intemporal-con-canciones-para-todo-el-ano/1429608828

Ron Sexsmith es sinónimo de eso que Andrés Calamaro definía como “artesano de canciones”. Es, también, un músico de músicos, un intérprete secreto y todas esas cosas bonitas y amables que se dicen de la gente con talento a la cual el éxito les ha hecho un regate pero que se han arreglado para, al menos, rozar el balón.

Costelliano, pero con la crueldad y brutalidad de este, de Elvis Costello quiero decir, sustituida por una melancolía tierna e insondable y un humor en el cual requiebra la ironía; como esa que domina el standard country “Is Anybody Goin To San Antone”, que en su voz y cadencia suena a irónico cruce entre George Jones y Nick Lowe; uno de los héroes de Sexsmith, otro músico secreto.

Carousel One es la nueva colección de un cancionero que parece inagotable. Una que suena a final de verano, algo propio de la sensibilidad estacional de Sexsmith hasta el punto de poder oírse como su acercamiento al sunshine pop. La melodía cristalina dominando, la voz precisa y la instrumentación luminosa y acariciante mandando (esta vez) la tristeza proverbial de su carrera a un rincón.

No engañemos, no nos engañemos, Sexsmith suena como una variación sobre sí mismo, cita a Burt Bacharach y Paul McCartney, otros popes personales, funde country, folk, soul y pop atemporal, canta sonriendo un poco más esta vez pero todo está en su sitio: el que se construyó hace ya más de veinte años a base de madera y ladrillos de pop en miniatura sentimental. Lo que ocurre es que a veces (muchas) lo confortable es lo necesario, volver a un lugar del que no apetece salir y dejarse ir por el oficio del que sabe lo que te hace falta.

Stella Stevens decía que Jason Robards, su partenaire en La balada de Cable Hogue, tenía “voz de manta vieja”. Los discos de Sexsmith son un poco así: tienen partes ásperas y raídas, otras perpetuamente cálidas y consoladoras y sirve todo el año.

Anuncios

He aquí el hombre: Father John Misty en I Love You, Honeybear

http://mas.asturias24.es/secciones/musicas-1/noticias/la-destartalada-tragicomedia-de-father-john-misty/1428481323

MI0003834125

Hay discos de hundimiento. Discos que son como ver un barco irse a pique: hermoso, trágico y ridículo. Derrotando primero y alzando proa después para decir adiós. Desde ahí saludaron gente como Randy Newman (“Bored in the USA” es hija bastarda del cantautor con la mente flotando en vitriolo), Warren Zevon o Neil Young, todos ellos de un modo u otro resonando entre el barroco set sonoro de “I Love You, Honeybear”.

Segunda, y nueva, entrega del destartalado universo de Josh Tillman en su alter ego de Father John Misty, combina melodías de la Costa Oeste, luminosas y vitalistas con textos sórdidos, de farsesco narcisismo ahora e implacable honestidad sin maquillar luego. En el cabe incluso una narcótica pieza de electrónica casera, que en su paradójica presencia no desentona en el caos vital del músico, en su relato de la vanidad propia y la futilidad ajena, ni en el lujuriante acabado de un disco lleno de vientos y pianos, coros angelicales y guitarras acústicas, de energía y oscuridad vital que suena, sinestésicamente hablando, como cristal sucio y rayado.

Una comedia sin gracia, una tragedia ridícula, tristeza, amargura y cinismo dándole la mano a la confesión y la herida en melodías vitalistas o que derriten. Tillman (o Faher John Misty, nuca se sabe quién es cual) se vale del country ácido, de su voz capaz de vender cualquier cosas y de su facilidad para las construcciones pop y se tira a la vía, empujándonos de paso. En eso también recuerda a Randy Newman.

Pop de mediodía: Cooper en UHF

http://mas.asturias24.es/secciones/musicas-1/noticias/cooper-seis-rondas-de-purisimo-vermut-pop/1426099469

cooper_uhf-portada

No es de extrañar que Alex Díez Garín haya embarcado a Cooper en una curiosa gira de sesiones vermú. Conciertos de mediodía, de hedonismo de domingo y primavera todos los días. UHF suena a todo eso. Solo seis canciones, poco más que un ep. Alargado, con extras, con otra caña y otro pincho. Canciones de pop atemporal, de pop de mediodía y de entretiempo. Un sentimiento de melancolía y buen humor sintetizado en la maravillosa “Entre girasoles”, más cerca de Los Ángeles o Juan y Junior que de Ocean Colour Scene.

UHF es un extensión de los sonidos y las melodías que redondeaban “Mi universo”, su esplendoroso disco del 2011 que abría el imaginario del grupo (o del artista, aunque en este caso la canción de cierre: una poderosa versión de “Nosotros”, clásico de Los Scooters) hacia la Costa Oeste o el pop español sesentero. El ritmo y los temas exploran esos lugares, sin renunciar al tono brit de “Brick Lane” o la observación de costumbres post-Ray Davies de la enérgica “Hipsters”. Una colección de canciones, directas, sin mayores adornos que unas buenas guitarras y unas elegantes armonías vocales, registradas con la urgencia del que no quiere perder ese algo y el conocimiento del que vive para fabricar canciones: del que sabe y puede.

The Wicked Whispers: Mapas de los místico

http://www.asturias24.es/secciones/musicas-1/noticias/the-wicked-whisperers-en-mapas-sin-tiempo/1423069426

COVER

Comenzar un disco, y más un disco tan tremendo, con una canción que es en realidad un remake tiene algo de  extraño. ‘Chronological Astronaut’ dialoga directamente con el ‘Artificial Energy’ de los Byrds psicodélicos del 68.  Pero no es una versión, es otra cosa; una especie de apropiación, una declaración, incluso. “Allí no cuenta el tiempo”, dice el astronauta cronológico. Los Wicked Whispers son una rareza incluso en el universo de los grupos retro:pertenecen al ahora solo nominalmente, pero su lugar es allí donde no cuenta el tiempo.

Maps of the Mystic es la muy esperada concreción en LP de una banda de prodigiosos singles, alguno como la mesmerizante ‘Amanda Lavender’ aquí incluido, y es, otra singularidad, no un disco retro, sino un disco de su época: la segunda mitad de los 60. Hay más discos así, es cierto, pero este sería una de los buenos de verdad en un quinquenio prodigioso. Maps to the Mistyc suena genuino, fácil, las canciones no se suceden, fluyen en un amnios lisérgico y acogedor, con una continuidad cristalina de la cual es partícipe la rica imaginería, ácida y misteriosa, de sus letras.

Psicodelia, algo de sunshine pop y baroque, orientalismos y jazzismos, Costa Oeste y Mod, Love y The Move, intrincadas melodías vocales, instrumentaciones delicadas que mecen canciones que, con alguna excepción (la balada ‘I’d Follow You Anywhere’ que tiene una vibración familiar a Sixto Rodríguez en la música), no se apartan de la duración de singles, de eso tres minutos mágicos que son la perfección pop, esa que cruza todo el disco y que brilla, deslumbrante, en ‘Paper Dove’ o ‘Medusa’, cabalgando sobre la personal voz de Mike Murphy.

 

País en ruinas: Hurray for the Riff Raff, Small Town Heroes

http://www.asturias24.es/secciones/musicas-1/noticias/las-creibles-narraciones-de-una-artista-itinerante/1421889571

SmallTownHeroes540

Small Town Heroes, el quinto disco de  Alynda Lee Segarra, porque ella es Hurray for the Riff Raff, suena al sur tras la gran ola; a los restos de naufragio tierra adentro, a historia del vecindario, a tipos con los que me crucé y a lo que me contaron y también a lo que viví. Porque, y es algo que no sucede con mucho de los nuevos artistas folk, a Alynda Lee Segarra te la crees. Ella es lo que canta. Su gesto adusto, su mirada feroz y su cuerpo menudo y nervudo son sus canciones.

Y esa voz, claro, esa voz como espectral y desganada, susurrante y lúcida que estremece en ‘The Body Electric’, donde canta eso de que “el mundo entero canta, como si nada fuese mal”, que acompasa el country gospel de ‘St. Roch Blues’ o serpentea irónica entre el honky tonk de ‘I Know It’s Wrong (But That’s Alright)’ o brinca en el bluegrass de ‘Blue Ridge Mountain’. Una voz, que suena como si su dueña jamás fuese a mentirte; tal vez si a mancarte al sacudirte con la verdad, pero nunca a mentirte.

Más country y menos blues, pese a ser un disco del delta, Small Town Heroes habla de lugares y personas, habla de Alynda Lee Segarra, como salida de una novela de Joyce Carol Oates, desde los ritmos clásicos, atemporales, del cancionero norteamericano. Música tradicional para el presente, narraciones de una artista itinerante.

Detroit para las masas: Jessica Hernandez & The Deltas. Secret Evil

Publicada en Mas24: http://www.asturias24.es/secciones/musicas-1/noticias/jessica-hernandez-and-the-deltas-odienla-manana-venerenla-hoy/1421889231

Jessica-Hernandez-Secret-End

Hay discos que uno sabe que terminará odiando desde el mismo momento que comienza a escucharlos. Bandas que uno, sabe también, que mirará con el desdén del amante despechado; porque tú las conociste primero, y porque eran tuyas. Eso va a pasar, eso te va a pasar, con Jessica Hernandez & The Deltas y ese organismo de precisión diabólica que es Secret Evil, con esa portada de disco elegante y sensual de los primeros 80. Tonos rosas y azulados, título firmado a mano y el rostro irresistible de la propia Jessica Hernandez en el frontal.

Cada corte es un perfecta muestra de un estilo, pulido hasta brillar, cerca de como hay que sonar para ganar a lo grande… pero no tanto como para resultar banales. Algo de electrónica bailable, algo de agresividad, rythm’n’soul de regusto a los 60, un par de guitarrazos bien puestos, voz y actitud, canciones para escoger y quedarse con todas. Una gominola de los sabores de Detroit, ciudad de procedencia de la banda y su cantante y líder. Detroit representa en el imaginario de la música pop norteamericana algo así como la piedra filosofal que todo lo vuelve genuino. Una alquimia del ritmo. Detroit es soul y es rock, es garage y es punk, es hitsville y es underground.

Corran a escuchar Secret Evil, enamórense de Jessica Hernandez. Dentro de un par de años ya no les hará ni caso. Ódienla mañana, venérenla hoy.

 

Bajo el Arco Iris: The Black Lips

Publicado en Más 24

81rfkehy2el-sl1200-1394826188

Es verdad que los Black Lips han ido abandonando sus orígenes; es verdad. También que han limpiado su sonido desde los garajazos low-fi  hasta una producción profesional; también. Pero en el camino han perdido algo y han ganado algo. Se fueron haciendo más imprevisibles y variados. Ya no era solo su interpretación arty del punk sixties a piñón fijo, con los Sonics y otras luminarias del underground entre ceja y ceja. Quiero decir, Black Lips! era un álbum glorioso, pura suciedad en los surcos, pero de eso ya hace una década y pico.

El siguiente par de discos profundizó en esa vía, incorporando retazos de psicodelia ruidista que hacía pensar en unos Seeds pasados acoples hasta cristalizar en el formidable Let It Bloom, versión antológica del  ‘Hippie, Hippie, Hoorah’ de Jacques Dutronc incluida. El grupo se había arriesgado a evolucionar y dejar potenciales fans por el camino al salirse de cualquier vía restrictiva. Eso les permitió lanzarse a territorios donde se cruzaban country, psicodelia, bluesismos, powerismos y garagismos de todo pelaje. Y por ahí han seguido, ampliando el espectro, acogiendo por ejemplo elsurf que dominaba, entre tonos ácidos, raíces y hasta retazos soul, el anterior y memorable Arabia Mountain, cuyo sonido ya era mucho más lleno y armonioso (ambicioso).

Casi se podría decir que este es el disco de rock sureño de los de Atlanta. Una versión llena de sentido de humor negro y retorcido de los Drive by Truckers, con guiños al punk angelino de los Social Distortion y piezas puramente sureñas como ‘Boys in the Wood’. Escapada del imaginario de Garth Ennis, es una pieza oscura y arrastrada en voz y guitarras, una amenaza que pilla por sorpresa en el ambiente enérgico que ha ido creando el disco los pildorazos garage countryficado, que suenan a eso… a sus primeros discos limpiados y abrillantados.

Muy disfrutable en conjunto, mostrando a una banda con un admirable gusto por contrastar su personalidad con otros sonidos, parece también como si estuviesen cerrando un círculo que los lleva hacia la autorreferencia. Quizás tengan que ver con las circunstancias de producción, con casi medio álbum en manos de Mark Ronson, quien ya los había acompañado en Arabia Mountain y que aquí deja un clásico como ‘Make You Mine’ para el repertorio de un futuro Grandes Éxitos, y el otro de Patrick “The Black Keys” Carney, quien parece contaminar a veces demasiado -‘Dandelion Dust’- con unos tonos algo postizos.